
“Muchísimas, muchísimas, muchísimas gracias, Guadalajara, a sus pies, volveremos pronto” fue la sentencia dictada por el charro zaragozano el inolvidable 3 de noviembre del lejano 2008, y a tan solo unos meses de nuestra agradecida condena el antiguo Héroe regreso a nuestra perla del tequila a recordarnos que aun nos queda bastante caminar. Los anuncios eran claros, venta total de boletos y la única manera de conseguir algún perdido trocito de papel era con la fiel y no faltante reventa o quizás algún acolito que tristemente tenia algún pase extra en su poder, al acercarse a la cede prometida, la inmortal arena VFG la fila de automotores era un tanto perturbadora para los acólitos del bunburismo.
Al arribar a las puertas la organización fue la esperada, cambio de puertas de ultima hora, butacas ocupadas por uno que otro despistado y enamorados de la ira reclamando por la negación de sus fieles lentes captores de la eternidad. Al entrar al lugar escuche comentarios provenientes de peregrinos y princesas sobre lo que esperaban del espectáculo entre ellos resalto la voz de un artista del pecado comparando a Enrique con lo que fuera el moderno hijo bastardo de Jim Morrison y Rafael. El tiempo asesino de enamorados paso lentamente y los vasos de cerveza corrían entre las filas, pero el sentimiento crecía con la expectativa del inevitable comienzo del show, el reloj marco la hora señalada y a la llegada de las 9:30 las luces se apagaron y solo 2 pantallas alumbraron el escenario, los gritos se levantaron como cánticos de guerra proclamando el nombre de un hombre delgado que no flaqueará jamás.
Los músicos caminaron a tomar su lugar y los celulares como infernales luciérnagas brillaron fusionados con las estrellas mientras la batería marcaba el comienzo de la misa, sus ritmos proclamaban su primera canción Club de los imposibles.
De entre las densas sombras se asomo una figura inconfundible por su vestimenta, unos pantalones negros entallados con estoperoles, camisa negra de igual acabado, lentes negros y un sombrero con aire retador para cualquier country man. Bunbury estaba presente ante todos sus seguidores, con movimientos cadenciosos y retadores se presento humildemente a su público diciendo “ Buenas noches Cabrones! Los presentes gritaban con todas sus fuerzas y entre voces mezcladas acompañaron en coro cada una de las canciones que fue interpretando a lo largo de la intima velada, de repente una que otra sirena caía por falta de agua salada, algunas otras provocaban a sus hermanos siguiendo los movimientos de su maestro.
Los minutos corrían arduamente y éxito tras éxito el concierto transcurría bajo los acordes clásicos de sus antiguas producciones Pequeño, Cabaret ambulante y Viaje a ninguna parte claro no faltaron las salpicadas de sus nuevos sencillos, los cuales el público respondió con sabiduría al no olvidar las letras. Demostrando aún una excelente pericia en el manejo de la guitarra. El español se detuvo un poco para presentar a sus cómplices, Álvaro Suite, en la guitarra y mandolín, Roberto Castellanos, en el bajo; Jordi Mena, en la guitarra de acompañamiento, y el banjo; Jorge “Rebe” Rebenaque, piano y acordeón y Ramón Gacias, batería y percusión, casi todos ellos han sido antiguos amigos y músicos de Nacho Vegas y Jarabe de Palo, pero ahora son cómplices del Hellville De Luxe Tour.
Dando un gran trago a su inseparable botella de corralejo y compartiendo un poco a sus fans más cercanos, dio paso a No me llames cariño y One, two, three, aun que mucho fuimos noqueados por estas crueles y nostálgicas letras otros seguían extasiados por la interpretación de Infinito la cual fue presentada esta ves con unos nuevos arreglos tipo Blues los cuales la convirtieron en una de las favoritas de la noche.

Por: Ian Andazury Garcia
Corrección de estilo: Beatriz Vizcaíno López
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